domingo, 11 de noviembre de 2012
No te pongas emocional. Solo cómetelo.
No puedo llorar. Tengo que llorar y no puedo. Los domingos no fueron sino hechos para destrozarme. Eso es. Después de la nieve. Fue. Y fuimos. Antes. Cuando los orgasmos compartidos nos apuñalaban toda su significado. En todas las articulaciones de nuestros cuerpos masticando terremotos y estados de alarma. De guerra de paz. Rellenos de frío. Y luego calor y más calor. Un verano. Sí. Siempre olía a verano. Ahora es noviembre y hace frío. Ojalá un orgasmo. Ojalá. Ven. Ven. Ven. Voy a fumarme. Despacito. Me voy a vestir con los labios de rojo. Quemarme. Voy. Ven. Porque no volvimos, por qué. Terremotos. Noviembre. Verano. No puedo. Voy. Tengo que llorar. Puedo.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Fumar mata y todo tan bien ha vivido
Los miércoles solía temblar.
Y despedirme al entrar en casa.
Tener las manos más frías que de costumbre.
Tener más besos que de costumbre.
Tener menos.
No tener.
martes, 16 de octubre de 2012
De mi ombligo a tu espalda
Los martes solías quedarte entre mi pelo.
Porque era lo que más te gustaba.
Porque era lo que más te gustaba.
Y yo solía enfadarme mucho, desmayada.
De amor
y
de mentira, desmayada.
Descalza.
Desnudos.
Desnudos.
En la cama de los buenos momentos.
Haciéndote cosquillas. Haciéndote llorar.
De amor y de mentira.
Cada martes.
Cada martes.
lunes, 15 de octubre de 2012
En materia del verbo que se enamoró de las vocales
Los lunes solías llamar y solía llover y solíamos vernos.
Con las manos temblando de risa y los hombros quejándose.
Muy bajito. En francés.
Y yo con mi vestido verde preferido, al le han roto el corazón tantas veces.
Y tú con tu paraguas.
El roto.
El liso.
El que hace pastas de te y canela a los problemas a ras de suelo. Tú.
Los de los sueños sin azúcar para desayunar. Cuando solíamos vernos. Y llovía. En plural.
Constantemente.
viernes, 5 de octubre de 2012
La de las flores bonitas que él le dibujó
La historia de amor.
Del amor.
La de los ojos ojos recién abiertos.
Escribiendo historia.
La del amor.
El más bonito del mundo.
Que empieza así. Afirmando.
Cuántas horas de conocimiento, de bolígrafos preciosos vomitando colores chillones y tristes y rojos. Azul. Conocimiento Tu camiseta azul olvidando yo masticando. Tu piel. Recordando el tacto de tu piel. No. Las horas de tu piel. Masticando huellas dactilares suaves. Escribir. Las horas. Tic. Tac. Luego seguidos. Las pilas se agotan. Se va el tiempo. Te quedas. A dormir te quedas. Me quedo. No me duermo. Me quedo. Me invento seis paraísos. Les prendo fuego. Me quedo.
Fundidos.
Preguntando. Empieza así. Despertamos.
( La biblioteca era tu salón de juego preferido. Nunca salías. Ridícula y pequeña caías en la estantería de Baudelaire todas las veces del mundo. Gemías. Llorabas y volvías a salir. Corriendo. Para caer otra vez.
Yo era el de las miradas que no te tocaban. No respiraba. Siquiera estaba ahí. No nos conocimos. Gemías. Corriendo. Nunca salías. Baudelaire. )
miércoles, 3 de octubre de 2012
De cuando hago sopa de tomate descalza en la cocina I
(Háblame del miedo. Dije.)
Y nunca nos cansamos.
Pero sí nos cansamos.
Del miedo a ser felices y miedo.
Del miedo a no sonreír a hacerlo constantemente a
las agujetas a ser jodidamente felices a
no serlo
porque
él.
Miedo.
Del miedo a
que la realidad nos tire piedras donde los huesos
del camino del
miedo.
A correr tantos orgasmos como metros bajo tierra y sobre las nubes tocar fondo y tocarte sin miedo.
Despertar del miedo.
A desgastarnos los codos estudiando saliva a
desgastarnos la saliva.
A desgastarnos.
Despertar.
Y hablar de dulces que pueden llegar a ser las pesadillas
si son donde tu espalda.
Y pelo y pecho y frías sábanas huecas donde tu espalda.
A hacer cosquillas a los libros que nunca escribimos.
A desayunar.
Constantemente.
A no dejar de mirarnos.
A entrar.
A no salir.
Entrar.
A
Mimarnos.
Extirparnos.
A miedo.
martes, 2 de octubre de 2012
Un grupo de soñadores
Qué bien.
Que sepamos dibujar los mejores momentos
los más preciosos
los que podemos borrar pero no borramos.
Bien.
Dibujando los preciosos no te borraré nunca.
Y los nunca dibujaré pudiendo saber los mejores momentos.
Lo más precioso.
Qué bien.
No borramos.
Podemos borrar pero.
Dibujamos.
lunes, 1 de octubre de 2012
Cristales de colores
Hay vientos que sueñan con ser corrientes eléctricas y estaciones de tren sonando que.
Cortan.
Y no alivian la sed de la punta de
la piel
del fondo de armario.
Hay intestinos resonando en la fotografía
(coma)
como un catarro mal curado.
Dando vueltas.
Interrumpidamente.
Como un corazón mal puesto con las medias sin terminar.
domingo, 2 de septiembre de 2012
Dispuesta a masticar ojeras. Un mechero.
Ahí está.
La suerte. La buena. La mala. La ausente. La viva. La última. La primera.
La carta de amor vertiendo desamor y sal aguada. Está. Ahí.
La pálida piel tendiendo sábanas escuálidas que quieren irse donde la nieve era blanca y no la memoria. Blanca. Rellena de flores pálidas. La piel. Las sábanas. La cama.
Ahí.
Huele a lluvia.
La cama huele a lluvia. Mi pelo huele a lluvia.
Es.
La suerte. La buena. La mala. La ausente. La viva. La última. La primera.
La carta de amor vertiendo desamor y sal aguada. Está. Ahí.
La pálida piel tendiendo sábanas escuálidas que quieren irse donde la nieve era blanca y no la memoria. Blanca. Rellena de flores pálidas. La piel. Las sábanas. La cama.
Ahí.
Huele a lluvia.
La cama huele a lluvia. Mi pelo huele a lluvia.
Es.
viernes, 3 de agosto de 2012
Carta número Uno.
Dices que nunca lloras los huesos de la muerte, los lunares en la mejilla, los silencios cuando el frío inclemente te tiñe los gemidos. Suspiras. Me dices que hasta cuándo la vida morderá cada noche. Cada tiempo.
"Y mirarnos desnudos. Y desnudarnos despacio. No abrir los ojos aún. Quedarnos dormidos. Enfriarnos. Coger una neumonía. Juntos. Y desnudos. Y sin abrir los ojos. Aún.
Y deshacernos después la saliva y agrietar los mapas y aprender a nadar por quinta vez consecutiva. Como la calle número cinco. O diez y seis. Como los cinco lunares y los cinco orgasmos no seguidos, pero. Cinco al fin. Al cabo. Al principio. Cuando aún no me sabía de memoria tus cinco sentidos. Antes de que te robara otro. Por el siempre.
Y que ni nos pille el jamás despiertos que no nos envuelva la Luna para regalo que se lleve los adjetivos preferidos. Que no. Que no te vayas."
Dices.
Él compromiso de la pena.
(El)la pena inexacta.
"Y mirarnos desnudos. Y desnudarnos despacio. No abrir los ojos aún. Quedarnos dormidos. Enfriarnos. Coger una neumonía. Juntos. Y desnudos. Y sin abrir los ojos. Aún.
Y deshacernos después la saliva y agrietar los mapas y aprender a nadar por quinta vez consecutiva. Como la calle número cinco. O diez y seis. Como los cinco lunares y los cinco orgasmos no seguidos, pero. Cinco al fin. Al cabo. Al principio. Cuando aún no me sabía de memoria tus cinco sentidos. Antes de que te robara otro. Por el siempre.
Y que ni nos pille el jamás despiertos que no nos envuelva la Luna para regalo que se lleve los adjetivos preferidos. Que no. Que no te vayas."
Dices.
Él compromiso de la pena.
(El)la pena inexacta.
sábado, 28 de julio de 2012
Un jardín.
Como cuando me llora el pie izquierdo y hago magdalenas para que se enfríe el miedo y las dunas rellenas de fotografías bonitas y suaves y tan lúcidas como el café despiertas. Cuando me mido la trenza y me sobran rodillas y dedos en las manos, vacía.
Como cuando no había flores en las terrazas donde miran la vida ellos, los otros que nunca existieron pero miran. La vida, desconocida.
Como cuando me tumbaba en el techo tejiendo tumbas pequeñas para introducir los sueños recién vomitados sobre una galaxia la mas azul de todas. Los sueños cementerio que nunca existieron.
La vida.
martes, 10 de julio de 2012
jueves, 21 de junio de 2012
Soy entre manos. Ella.
Una vez encontré una ciudad sin venas que. Desconsoladamente ardía de frío de tiempo de ausencias con zapatos preciosos que siempre corrían pero nunca tocaban el suelo el. Subsuelo el infierno quizás, tocaban pero no miraban ni veían ni lo intentaban no querían no sabían.
Una vez no tuve miedo y fui nieve me. Disfracé de muñeca me cambié me dibujé carbón en los botones me ate una daucus carota cualquiera entre las mejillas y salí a no correr a hurgar mundo a no encontrarlo no querer encontrarlo pero salí y. Pasó. Pasaron. Las horas el día el café la cena la fiebre pasaron cuatro estaciones seguidas de recogida de flores silvestres pasó el viento el temporal sin tiempo pasó Ella. Ella, repito, de madrugada vestida de flores. Empapada por el comienzo del día por despedir la noche sobre la hierba empañando los cristales de mis ojos. Ella. Empapada. Y yo.
La vi la sentí toqué. Sin querer me ahogué entre su aire su pelo su cielo su forma de callar de mutar de mimar de callar, repito, de no mirar sino ver. La vi llorar pasarse seismil horas seguidas enterrando una flor la sentí tan cerca tan dentro. La vi cortarse las venas los ojos la espina dorsal comerse el corazón con tres cucharas diferentes y de seguido volver a caminar. Y vomitar y.
Espié cada uno de sus latidos quietos sin cambiar de acera me disfracé de mármol y de vida para verla no irse de su círculo preferido (de)formado por un ejércitos de filosofía delicada de bosque recién encontrado tras siglos de intensa intoxicación poética. Todo por Ella.
Todo por vernos tanto tan cerca tan dentro por regalarle mi única canción preferida por ser un punto en su final. De principio. Entre sus manos sin querer despertar jamás dormirme de nuevo dentro del sueño del Ella.
Una vez desperté entre las manos de Ella y antes de tocar cielo soñé que no me va a soltar. Despertar.
Una vez no tuve miedo y fui nieve me. Disfracé de muñeca me cambié me dibujé carbón en los botones me ate una daucus carota cualquiera entre las mejillas y salí a no correr a hurgar mundo a no encontrarlo no querer encontrarlo pero salí y. Pasó. Pasaron. Las horas el día el café la cena la fiebre pasaron cuatro estaciones seguidas de recogida de flores silvestres pasó el viento el temporal sin tiempo pasó Ella. Ella, repito, de madrugada vestida de flores. Empapada por el comienzo del día por despedir la noche sobre la hierba empañando los cristales de mis ojos. Ella. Empapada. Y yo.
La vi la sentí toqué. Sin querer me ahogué entre su aire su pelo su cielo su forma de callar de mutar de mimar de callar, repito, de no mirar sino ver. La vi llorar pasarse seismil horas seguidas enterrando una flor la sentí tan cerca tan dentro. La vi cortarse las venas los ojos la espina dorsal comerse el corazón con tres cucharas diferentes y de seguido volver a caminar. Y vomitar y.
Espié cada uno de sus latidos quietos sin cambiar de acera me disfracé de mármol y de vida para verla no irse de su círculo preferido (de)formado por un ejércitos de filosofía delicada de bosque recién encontrado tras siglos de intensa intoxicación poética. Todo por Ella.
Todo por vernos tanto tan cerca tan dentro por regalarle mi única canción preferida por ser un punto en su final. De principio. Entre sus manos sin querer despertar jamás dormirme de nuevo dentro del sueño del Ella.
Una vez desperté entre las manos de Ella y antes de tocar cielo soñé que no me va a soltar. Despertar.
miércoles, 20 de junio de 2012
Carta número ciento sesenta y. Siente.
Hola madre,
Te llamaría si supieras dónde encontrarme te besaría las muñecas de la piel de las manos. Constantemente. Te pediría que me abrazaras como nadie más que tú podría. Me romperías. Los huesos de estrujarme pero no te pediría que soltaras. Nunca.
Te escribiría toda la verdad si supieras aceptarla te daría las mejillas para que pudieras ahogarte. Ahogarme, mama. ¿Recuerdas cuando casilo consigo a los siete años? Claro que recuerdas porque me salvaste y luego todas las veces restantes hasta que aprendí a irme. Eso no me lo enseñaste, pero huí. De ti. La perfecta que me enseñó a amar. Como nadie aprendería a aceptar ser amado. Te quiero tanto que sonrío cada vez que no puedo evitar llorar. Llorarte toda encima mía. Sin dejar de apretarme el esqueleto.
Luego me corto en juliana y me calcino a fuego lento los recuerdos prendo fuego a la memoria. En blanco y negro la perfecta memoria, como tú de perfecta, madre.
Has imaginado bien, he crecido. He caído he volado he callado he follado. Me han follado me han tirado he aterrizado. He aprendido a cocinar en cuatro idiomas seguidos y hasta me encanta el café. Como a ti, verdad? Verdad, afirmo susurrando.
Has imaginado bien, he crecido. Soy la perfecta mujer gris. Dejé de estudiar la tercera carrera por desconocimiento. Me cansé de hurgar me hice el carnet de autodidacta en una habitación de alquiler no muy lejos de la vida en ese continente que tanto imaginabas en los cuentos recién inventados. Para mi. Para alejar las pesadillas que nunca se alejaban. ¿Sabes? Puede que no se fueran nunca porque les gustaba tu olor tendido alrededor de mi cuerpo a las cuatro de la mañana. A jazmín hecho a mano. Tus manos. Tus manos.
...
...
...
Prometo enviarte alguna de todas las cartas que te he escrito prometo ser buena. Prometo amarte siempre. Como mi heroína. De los libros.
Ahora,por favor:
Miénteme y dime que esta noche estarás. A las cuatro, donde siempre.
Tu Ene
Te llamaría si supieras dónde encontrarme te besaría las muñecas de la piel de las manos. Constantemente. Te pediría que me abrazaras como nadie más que tú podría. Me romperías. Los huesos de estrujarme pero no te pediría que soltaras. Nunca.
Te escribiría toda la verdad si supieras aceptarla te daría las mejillas para que pudieras ahogarte. Ahogarme, mama. ¿Recuerdas cuando casilo consigo a los siete años? Claro que recuerdas porque me salvaste y luego todas las veces restantes hasta que aprendí a irme. Eso no me lo enseñaste, pero huí. De ti. La perfecta que me enseñó a amar. Como nadie aprendería a aceptar ser amado. Te quiero tanto que sonrío cada vez que no puedo evitar llorar. Llorarte toda encima mía. Sin dejar de apretarme el esqueleto.
Luego me corto en juliana y me calcino a fuego lento los recuerdos prendo fuego a la memoria. En blanco y negro la perfecta memoria, como tú de perfecta, madre.
Has imaginado bien, he crecido. He caído he volado he callado he follado. Me han follado me han tirado he aterrizado. He aprendido a cocinar en cuatro idiomas seguidos y hasta me encanta el café. Como a ti, verdad? Verdad, afirmo susurrando.
Has imaginado bien, he crecido. Soy la perfecta mujer gris. Dejé de estudiar la tercera carrera por desconocimiento. Me cansé de hurgar me hice el carnet de autodidacta en una habitación de alquiler no muy lejos de la vida en ese continente que tanto imaginabas en los cuentos recién inventados. Para mi. Para alejar las pesadillas que nunca se alejaban. ¿Sabes? Puede que no se fueran nunca porque les gustaba tu olor tendido alrededor de mi cuerpo a las cuatro de la mañana. A jazmín hecho a mano. Tus manos. Tus manos.
...
...
...
Prometo enviarte alguna de todas las cartas que te he escrito prometo ser buena. Prometo amarte siempre. Como mi heroína. De los libros.
Ahora,por favor:
Miénteme y dime que esta noche estarás. A las cuatro, donde siempre.
Tu Ene
viernes, 15 de junio de 2012
No me vistas si vas a mudarte
Me he trenzado el invierno y el otoño en un vestido lleno de frambuesas. Soy roja por fuera. Roja por dentro. Me he teñido tantas veces como vidas he vivido. He soñado imaginado y descrito. He callado siempre me he fumado me he empapado y he sido Sahara cada noche durante los últimos cinco infiernos. Cada temporada de setas de olas gigantes y playas desiertas. He sido. Me he sido.
No me he sobrevivido. Me he bebido. Siete vidas seguidas de siete gatos iguales. Siameses como las llaves siamesas como las almas siamesas como una manzana cortada sin gracia cuatro veces seguidas en cuatro corazones. Rotos. Y rotas las medias. Las manos rotas en la rotura del epicentro de mi medio cuerpo roto. Y crujiendo las esquinas de nuestras cuatro manos haciendo la piel del cero del nulo del invisible tiempo que cala que llueve. Llueves.
Me regalas una piruleta azul cielo azul lengua azul pasión estrellándose contra el suelo. Mi suelo roto los pasos rotos. Me regalas. Azúcar de caramelo. Me regalas una vida sin ti que me pertenece. Te sobrevivo regalo. Nos inundamos. Y mutamos y.
Cerca te mudas dentro te escribes naces dentro no te mueres me eliminas. Nadas. Pez de sal lagrimada. Pez del silencio. Pez sin mas hambre que de si mismo. Nadas.
Desaprendí.
No me he sobrevivido. Me he bebido. Siete vidas seguidas de siete gatos iguales. Siameses como las llaves siamesas como las almas siamesas como una manzana cortada sin gracia cuatro veces seguidas en cuatro corazones. Rotos. Y rotas las medias. Las manos rotas en la rotura del epicentro de mi medio cuerpo roto. Y crujiendo las esquinas de nuestras cuatro manos haciendo la piel del cero del nulo del invisible tiempo que cala que llueve. Llueves.
Me regalas una piruleta azul cielo azul lengua azul pasión estrellándose contra el suelo. Mi suelo roto los pasos rotos. Me regalas. Azúcar de caramelo. Me regalas una vida sin ti que me pertenece. Te sobrevivo regalo. Nos inundamos. Y mutamos y.
Cerca te mudas dentro te escribes naces dentro no te mueres me eliminas. Nadas. Pez de sal lagrimada. Pez del silencio. Pez sin mas hambre que de si mismo. Nadas.
Desaprendí.
martes, 5 de junio de 2012
Mera
Soledad.
(Del lat. solĭtas, -ātis).
1. f. Carencia voluntaria o involuntaria de compañía.
2. f. Lugar desierto, o tierra no habitada.
domingo, 3 de junio de 2012
Desencuentra
Yo.
Ya me voy no. Quiero cerrar la puerta no. Quiero. Quiebro. Quemo.
Y no.
Insisto, no (dospuntos)
Ya no se dibujan flores como las que inundaban las habitaciones de antes del antes. Del fin del mundo.
De resto de mundo.
Con
tú.
Mano.
Tu mano entre
mi pelo entre
mis piernas tu mano dentro
de mi mano más dentro
arrancándome la
mano del pecho de los pechos rellenos de salivas embadurnando
tu
mano.
Tú.
Qué me dibujaste el primer gemido ahora (dospuntos)
Viólame los adjetivos. Empiézame
los pies.
Házmelos pequeños más pequeños. Condéname
garbanzos. Dibújame
la goma de borrar no me hagas miel hazme
abejas trepando los tobillos. Sígueme.
Persigue. No encuentres. Borra
las rodillas a mordiscos con. Las
manos los dientes la lengua. Hazme
otra lengua dentro de la propia lengua. Hazme
un adjetivo gimiendo trepando la miel de
las abejas de los tobillos. Haz
la muerte a la reina y luego envuelve. La
reina-abeja para regalo dirigiendo la
muerte para regalo desde las
rodillas hasta el fondo
del último hueso
el primer hueso.
Nunca es mi cumpleaños.
Pero
regálame saliva entre las piernas. Que
no
sea saliva que sea la vida del primer placer el único que
nunca
conocimos porque quemamos.
Riégame la piel manzana a mordiscos.
Arranca
la piel y ralla los huesos. Encuentra mi pecho no
lo
encuentres, quédate a vivir un verano en él.
Hazme fotos hazme
recuerdo.
Deshaz. Desde el cuello absorbiendo
las venas la sangre que
pálida incolora inodora e insípida.
Hazme la sangre.
Bebe. Besa. Brinda. Busca. (Desencuentra) Borra.
Del verbo muerte. La primera. ¿Recuerdo? No.
No recuerdo. No quemamos no hay saliva no es placer ni la muerte.
Nunca es recuerdo porque jamás he nacido.
Pero me voy.
Cerca.
lunes, 28 de mayo de 2012
sábado, 26 de mayo de 2012
Lluéveme
Era un cisne no.
No era un cisne era.
Simplemente era.
Ventana abierta y
violín a las cuatro
de la mañana a las
cinco y los fines de
semana hasta las seis.
Mañanas seis horas cada noche
trasnochando,
como
una tonta sin querer morir sin querer morirse nunca pero muriendo.
Cada día cada
hora cada nunca.
Ahora.
viernes, 11 de mayo de 2012
Ella es nombre de Despedida.
"Adiós dulces amantes invisibles,
siento no haber dormido en vuestros brazos."
-Luis Cernuda-
Despedida es nombre de Ella que
Empieza el
Silencio
Por las ojeras por las
Esquinas que nunca duermen. Esquinas.
Desconocidas
Idas. Esquinas.
De
Ángulos rotos de círculos cuadrados de rectángulos
redondos.
Duda. No duda.
Está. No está.
Supo. Lo supo.
Pozo. No pozo.
Ella. Sí ella.
Debe. No debe.
Iría. No está.
Duda. No duda.
Adiós. Que....
De estar sobre palabras eclipse(s) de inventar de abandonar.
Entrada-silencio por espinas-dorsales, infectados-días. Abismos.
Silencio pudriendo esperas-dorsales, intestinos dormidos. Aguas.
Perecer empapada desde infinitos-durmientes. Afónicos.
Enreda-desnuda-invencible-descolorida. Azabache.
Día-intestino-dorsal. Abismo.
Ida. Despedida. Afónica.
De
Azabache.
(Y uno por uno fue despidiendo cada instante porque fueron muchas vidas. Y tantas muertes como pudo masticar.)
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