sábado, 24 de agosto de 2013

Me he puesto los auriculares más ridículos del mundo

Despliega tu potencial, querida ciudad.
Que esta noche viene a cenar El Fin del Mundo en el suelo de la terraza que siempre quise tener.

Mastica la suspensión automática de los buenos momentos, Madrid.
Corre. Que no voy a bailar en la cocina nunca más. 

Ocupa el único pensamientos que consigue coser mis párpados y mudar mi respiración a la frontera del milimétro de paz que aún no he estrellado contra el suelo. Los sueños.

Toca el piano. Envuelve mi piel. Escupe ruido. Y saliva. 

Ciudad.

Ceros.

Siempre quise tener.

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