miércoles, 7 de agosto de 2013

Veintitrés de julio. Martes.

Café.
Ruido.

Madrid descarga su más agresiva se sanción sobre mi cuerpo.

El peligro de saberme viva.


Vivo.

Un poema. 
Cortinas que se mecen por el viento.
La imagen.

Lejos. Echo de menos.
No sé cuánto hago aquí.
Quiero volver a respirar otros momentos.


Soledad.


Despacito.

Despacio.


Cae su saliva sobre mi cara. Y mi pecho.
Me desgarra las caderas.
La lengua.
Toda la piel.
La exclusividad de mis órganos vitales.

Soledad.

Despierta.
Despierta.
El verano, queríamos.

Madrid.


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